miércoles, 26 de septiembre de 2012

AYER EN LA CASA ENCENDIDA

Me gustaría hablar brevemente del proyecto The Family Project y de cómo ha sido el cruce de caminos con el proyecto de la colección Bokeh.


Creo que vivimos una época de cierta confusión con respecto a la velocidad y los procesos. Cualquiera que haga fotos con su móvil obtiene un aspecto estéticamente atractivo y las sube enseguida a las redes sociales y recibe inmediatamente una valoración (casi siempre positiva) de su creación, que apenas tiene unos segundos de existencia. Lo mismo ocurre en Twitter, donde se emiten citas a modo de frases célebres, que también cosechan un aplauso efímero.

Creo que todo esto tiene que ver con lo social, pero no con lo creativo, y mucho menos con lo introspectivo.





Yo defiendo que para profundizar en lo que uno quiere contar se precisa de cierta soledad, de un porcentaje alto de anonimato y de no estar permanentemente expuesto a la mirada sobre tu trabajo durante el proceso de construcción. La crítica destructiva y el halago excesivo son enemigos de la libertad de creación. Una vez que el trabajo esté terminado, ahí si, ya no te pertenece y debes aceptar todas las opiniones que genere.





The Family Project más que un proyecto es un proceso. Un proceso en el que llevo algunos años ya, y en el que voy a continuar algún tiempo más. Es una búsqueda personal a la que decidí darle forma de proyecto creativo para adquirir la distancia necesaria y para poder después compartirlo con otros a los que no les interese necesariamente la historia de mi familia, pero si la manera en que la expongo. Esta historia corre a lo largo del siglo XX (ése es el segmento de tiempo que yo he elegido), paralelamente a la Historia, con mayúsculas, ya que muchos de los acontecimientos que se han vivido en mi familia tienen que ver con momentos claves en la historia universal, como son las migraciones europeas hacia América a principios del siglo pasado, la primera guerra mundial, la persecución de judíos tanto en la Rusia zarista como en la Alemania nazi, las guerrillas latinoamericanas y su contrapartida en forma de dictaduras militares, la expansión de Estados Unidos como potencia mundial y finalmente, de nuevo, las migraciones de los americanos a Europa, entre los que me incluyo, nietos o bisnietos de los que se fueron hace un siglo.





Para abordar este proyecto decidí contar con dos categorías de elementos – las fotografías y documentos de archivo y las fotografías y material audiovisual realizados por mi en la actualidad – y con dos enfoques distintos – la documentación pura de los acontecimientos tal como fueron y la evocación libre de otros pasajes o de las lagunas entre los hechos reales -.

El resultado es un relato emotivo de la realidad, simbólico y fragmentario, donde utilizo las fotografías de archivo en función de su valor estético y su similitud con la atmósfera que a mi me interesa fotografiar cuando viajo a los países por donde pasó mi familia. Una narración a medio camino entre la realidad y la ficción, abierta a múltiples interpretaciones y con pretensión evocativa y no descriptiva.

Como digo, es un proyecto abierto, que continúa, un intento por mi parte de hablar de cosas que me interesan. Cosas que aprecio como propias pero me resultan al mismo tiempo difíciles, como la memoria, la familia, el amor, la comunicación, la identidad, la soledad y la melancolía.





Creo, retomando el asunto de las redes sociales, que es importante también poder transmitir el lugar donde uno está, incluso si ese lugar no es el que uno ha elegido. Al contrario de lo que ocurre en estas redes, la vida no siempre es un éxito, rara vez lo es. Y yo valoro mucho saber de los procesos de los demás, no solo de sus triunfos.

Y aquí es donde aparecen Antonio y Carlos con la idea de Bokeh. Me proponen editar The Family Project y a mi me da miedo, porque no es un proyecto cerrado. Pero justamente por eso, porque se trata de una colección en la que caben trabajos de profesores y alumnos, me pareció importante mostrar el estado actual de un proyecto que sigue su curso.

Y fue curioso cómo, a lo largo de muchas horas de edición junto a Carlos, la propia naturaleza de este libro nos llevó a renunciar a imágenes fundamentales del proyecto en beneficio de la fluidez narrativa, de la coherencia y la claridad de expresión mediante imágenes de por si oscuras y extrañas. No hay documentos, ni explicaciones, sólo fotos. Queríamos que la atmósfera fuera guiando a lo largo de toda la narración, que las asociaciones de imágenes no estuvieran cerradas a un solo significado.

Leí este fin de semana un artículo de Muñoz Molina en el que decía que “afirmarse negando parece ser el signo de los tiempos, pero es posible que al negar al otro uno se esté despojando de una parte crucial de si mismo”. Quizá sea un buen momento ahora para tratar de averiguar lo que uno es sin necesidad de estar a la defensiva. Así que este es el lugar donde ahora estoy, en parte, trabajando con el pasado para vivir mejor en el presente.



6 comentarios:

Jesus Mari Arruabarrena dijo...

No se pueden expresar mejor las ideas.

Javier Celán. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Javier Celán. dijo...

Da el aroma de las cosas que se hacen cuidadosamente.
Mis felicitaciones, por las imágenes y por la luz que las hizo nacer.
Un abrazo.
Javier Celán.

Javier Celán. dijo...

Da el aroma de las cosas que uno hace sin saber el porque... de lo que te empuja la vida a hacer y por ello uno se enfrenta con el maximo respeto y delicadeza.
Mis felicitaciones, por las imágenes y por la luz que las hizo nacer.
Un abrazo.

Des de Dins / Fonn Drinnen dijo...

Completamente de acuerdo con el pausado proceder. Las prisas nunca son buenas.

ÿos dijo...

Excelente aportación Visual y literal. Enhorabuena